Vera Furacão : el testimonio de una brasileña y pionera del bosque de Boulogne (París)Tiempo: 14'

Marina Duarte*1 *Marina Duarte es postdoctorante en la Universidad Paris 8 (LEGS), doctora en historia de la Universidad Paris Diderot – Paris 7 (CERILAC).
Traducido por Andrea Barrera Téllez**2 **Andrea Barrera Téllez es doctora en sociología y género de la Universidad de Paris Cité, integrante del grupo de investigación en Teorías Políticas Contemporáneas de la Universidad Nacional de Colombia y miembro fundadora de la revista Madriguera.

La portada de la revista “Le Matin” del 24 de octubre de 1981 anunciaba el título “Los travestis llegaron a París”3 El número de la revista Le Matin del 24 de octubre de 1981 dedica un dossier especial a las travestis. Dos reporteros, Elisabeth Salvaresi y Manuel Joachim, que vivieron más de un mes y medio con travestis en París, presentan allí su trabajo de campo.. En Brasil, la aparición de la primera generación de travestis4 EL sentido del término “travesti” en este artículo no está correlacionado con la definición del diccionario no con su utilización cotidiana. En el sentido común, la palabra “travesti” es evocado frecuentemente y entendida con una connotación peyorativa. Su vinculación con la palabra “travelo” en los años 1970 -momento de entrada de las travestis brasileñas y del aumento de la prostitución travesti en la capital francesa- 1980 vino a reforzar su comprensión negativa. En el contexto de este estudio, este término es entendido como una palabra que designa a un grupo formado en la cultura brasileña y que adquirió características propias de su entorno. Esta aproximación está basada en una perspectiva que privilegia la categoría émica. Es decir que, de una parte, los sujetos serán llamados por la manera en que ellas/ellos se reconocen – hablar de travestis en femenino, por ejemplo – y, de otra parte, los puntos de vista de los actores y su palabra, su memoria, serán valorizadas. Esta interpretación émica se opone a la metodología ética basada, por su parte, en observaciones externas que no se interesan por las significaciones otorgadas por los actores. Es con esta perspectiva, sensible a las palabras de los actores, que pude diagnosticar la fluidez con la cual las palabras travesti, transexual, transgénero, son utilizadas a diario sin el rigor que una taxonomía fijada esperaría. Contrariamente a lo que los científicos esperarían, una clasificación bien definida de aquello que las palabras representan – que haría más clara la explicación – no es evidente. Estos análisis salen de una discusión teórica en el campo de la lingüística. Ver: Jean-Pierre Olivier de Sardan, “Émique”, l’Homme N° 147, 1998, p. 153.5 NdT: En el texto original, la autora habla aquí de travestis en femenino (“travesties”), a diferencia del masculino empleado por la citada revista.  brasileñas cambió los límites de lo masculino y de lo femenino que existían hasta entonces. Es a partir de esta década que un nuevo modo de vida emerge gracias a las técnicas de cambios corporales como las inyecciones de hormonas y de silicona. Las primeras travestis se hicieron visibles públicamente por medio de espectáculos travestis presentados en los teatros de Río de Janeiro y de Sao Paulo. En los años 1970 el número de personas con este modo de vida empezó a aumentar y, más allá de la escena artística, empezaron a ganarse los andenes de las grandes metrópolis brasileñas. Fue de esta manera que empezaron a ser reconocidas nacionalmente como un grupo social, provocando reacciones múltiples como la abyección, el desprecio, la piedad, el rechazo, pero también sentimientos de atracción, admiración y curiosidad. 

Diez años después de la aparición del espectáculo travesti en Brasil, algunas de ellas empezaron a soñar con el extranjero. Un imaginario atrayente, construido desde el siglo XIX, representa a Francia como un país de placer y de glamur y sirve de motivo de llamado a ese grupo social6 Ver: Lola Gonzalez-Quijamo, Paris: Capitale de l’amour. Fille et lieu de plaisir à Paris au XIX siècle. Paris: Vendémiaire. 2015. . Inspiradas por los ecos del cabaré trans francés, internacionalmente famoso desde los años 1950, y llenas de esperanzas de mejores condiciones de vida, las travestis brasileñas partieron a la aventura hacia París. Al igual que en Brasil, ellas empezaron a ocupar un lugar bien definido en la capital francesa: la gran mayoría sobrevivía gracias al trabajo sexual, mientras que una minoría eran artistas en el mundo del espectáculo. Por fuera de estos dos universos, la posibilidad de existencia de las travestis seguía siendo restringida. 

La inmigración de las travestis a París es un evento que marca simultáneamente la historia de ese grupo y de la ciudad de París. De una parte, París y sus símbolos se convirtieron en elementos estructurales de la identidad de las travestis brasileñas y, por otra parte, incluso si no fueron ellas quienes estuvieron en el origen de la prostitución de las travestis en la ciudad, su llegada creó una nueva dimensión y una visibilidad particular a esta modalidad específica en el comercio del sexo. En efecto, las travestis brasileñas inauguraron un nuevo tipo de personaje en las calles de París: “el travesti brasileño” [“le travelo bresilien”]. Su presencia era tan importante que se operó un desplazamiento semántico y la expresión “las brasileñas” se convirtió en el equivalente del término “travesti”. 

Este texto tiene como propósito presentar el relato de vida de Vera Furacão, una de las travestis pioneras que emigró de Brasil hacia París en 1979 y cuya historia nos permite conocer un poco más sobre los meandros de estas personas. Los recuerdos de Vera me fueron confiados a lo largo de dos años de encuentros. Nos encontramos en la asociación « Prévention Action Santé Travail pour les transgenres » [“Prevención Acción Salud Trabajo para lxs transgénerxs”] (PASTT) en 2016. Le expliqué que hacía una investigación doctoral sobre las experiencias de las “brasileñas” y Vera aceptó compartirme sus recuerdos, en el entendido de que su historia de vida cobra importancia para sacar a la luz estas personas-personajes olvidadas por la sociedad. Terminamos por vernos regularmente en su casa y en las instalaciones de PASTT, y algunas veces paseamos por París. Gracias a nuestras conversaciones, siempre en nuestra lengua materna [el portugués], aprendí mucho sobre las trastiendas de la historia de las travestis de París, así como sobre su vida brasileña en los años 1970. 

*

Vera Furacão nació el 14 de noviembre de 1950 en Alto Paraguai en el estado de Mato Grosso en el centro oeste de Brasil. Proveniente de una familia pobre, Vera pasó su infancia en esta pequeña ciudad del campo rodeada de sus cuatro hermanas, de sus nueve hermanos y de sus padres. Su papá trabajaba en las minas y su madre era ama de casa para criar a sus trece hijos. Desde muy temprana edad, Vera era un niño afeminado y desde entonces se sentía atraído por los hombres – una característica propia de las travestis brasileñas es que se reconocen como homosexuales desde la infancia7 Según Don Kulick, las autobiografías de las personas transgénero norteamericanas y europeas no hacen ninguna referencia a un deseo homoerótico como detonante de autopercepción en tanto que persona transexual. Al contrario, la idea de atracción sexual por los hombres, como hecho decisivo para el proceso de transición de género, es constantemente negada. Así, para el antropólogo, este lazo entre homosexualidad y transexualidad es propio de los relatos de vida de las travestis brasileñas. Ver: Don Kulick, Travesti – Prostituição, Sexo, Gênero e Cultura no Brasil, Rio de Janeiro, Fio Cruz, 2013 p. 67. . Estuvo confrontada desde muy temprano a propuestas de hombres de mayor edad que ella para tener relaciones sexuales a cambio de dinero o de pequeños regalos8 En su relato, Vera no nombra estas relaciones como violaciones o abusos.. Entre los hombres con los que intercambiaba de manera más regular se encontraba un padre de la parroquia que le pagaba por los encuentros con boletos para ir al cine. La relación con su familia era tensa y el ambiente hostil, al punto que Vera huyó de su casa en varias ocasiones y dejó la escuela de manera voluntaria para hacer la “escuela de la vida”. A la edad de 15 años, Vera huyó de su familia y se fue del Alto Paraguai haciendo autostop, en un periplo de alrededor de 2500 km para llegar finalmente a la ciudad de Rio de Janeiro. Durante su primera tentativa de fuga, su padre la encontró en Rio y la llevó consigo de inmediato a la casa parental. Sin embargo, el deseo de vivir libremente su sexualidad triunfó. Vera retomó el camino y se fue definitivamente de su pequeña ciudad natal. 

Desde su llegada a Rio de Janeiro, Vera vivió la vida típica de una travesti de los años 1960-70 como trabajadora sexual. Se instaló en Lapa, barrio bohemio de la ciudad, encontrando en la prostitución el medio para cubrir sus necesidades. Es en este universo que Vera conoce por primera vez la figura de la travesti y que conoce a Angela, que se volverá su madre-travesti. Con 16 años, Vera comenzó a tomar hormonas y a los 17 hizo su primera aplicación de silicona industrial. Pasó doce años como travesti prostituida en Brasil, antes de emigrar a Europa. Durante este período, aunque se desplazaba frecuentemente entre Sao Paolo, Belo Horizonte, Salvador y otras ciudades brasileñas, es en Rio de Janeiro, la ciudad más movida, que trabajaba con más regularidad y frecuentaba los bailes de carnaval, los tradicionales baile dos exutos 9 “Baile dos enxutos” era un famoso baile del carnaval de Río de Janeiro cuyo apogeo duró desde los años 1950 hasta los años 1970.y los bares travestis. Allí interactuaba con Madame Satã10 João Francisco dos Santos nacido en Gloria do Goitá, el 25 de febrero de 1900 y fallecido en Río de Janeiro, el 12 de abril de 1976, conocido popularmente por el apodo de Madame Satã, era un transformista brasileño. Fue una figura emblemática y uno de los personajes representativos de la vida del barrio de Lapa en la primera mitad del siglo XX. , que gozaba de un estatus de leyenda viviente, así como con una gran parte del grupo de travestis que circulaba en la época de 1960-1970. Este período de gran efervescencia festiva de las travestis de Río ocupa un lugar especial en la memoria de Vera. 

En el ambiente de prostitución de Lapa, un barrio conocido por la presencia de prostitutas y sus atracciones bohemias desde finales del siglo XIX, las travestis incurrían en diversas infracciones menores como el robo de clientes que, sumado al delito de captación de clientes, conducía regularmente a su arresto por parte de la policía. Tras una de esas redadas, Vera terminó en prisión por varios días: allí sufrió varias violencias por parte de policías y otros prisioneros. A pesar de algunas dificultades evidentes como las violencias y las exclusiones relacionadas a su género, Vera estaba satisfecha con su vida en Brasil – en efecto, las travestis vivían su apogeo en el territorio nacional. Sin embargo, el sueño de Vera y de una buena parte de sus amigas, era el de irse a vivir a París. Si bien ella había escuchado hablar de la capital francesa desde el inicio de los años 1970, fue en uno de los desfiles del carnaval de Rio que vio la prueba de la riqueza y el éxito de sus colegas en París, al ver a varias travestis enarbolar joyas, ropa y zapatos de marcas francesas.     

Vera llegó a París en 1979. Cuenta que desde su llegada a esa ciudad comenzó a trabajar en el barrio Pigalle y en el bosque de Boulogne: “Las travestis llegaban con sus maletitas e iban directamente al bosque de Boulogne. Ni siquiera sabían hablar francés. Pero el idioma del puteo es universal11 Cita original: “elas não sabiam falar francês, mas pra « fuder » a lingua é universal”.. Durante sus primeros años en la capital francesa, Vera vivió en diferentes lugares de la localidad 17. Primero, se hospedó en el hotel Bessé, en el bulevar de Batignoles, luego en el hotel Saint Jean de la calle Clichy, cerca de la Puerta de Clichy, después en un hogar en la calle Lécluse, antes de trastearse a la calle de las Dames, y finalmente su última residencia fue un hotel de la calle de Rome. Los precios variaban entre 3.000 y 4.000 francos mensuales (equivalentes a 457 y 610 euros). Vera afirma que era más simple encontrar un hotel o un apartamento en aquella época: “pagábamos dos meses de arriendo y listo, si teníamos la plata no había problema, no había necesidad de tener papeles o codeudores”. Vera decidió dejar la localidad 17 para trasladarse al barrio de Saint-Germain-des-Prés, en la calle Villersexel, en cohabitación con tres amigas brasileñas: Michele Caolha, Flora y Marcia do Bundão. La fotografía aquí abajo fue tomada en ese apartamento en Saint-Germain. 

Una foto de un grupo de personas posando para una foto

Descripción generada automáticamente con confianza media

Vera cuenta que “era una señora” en Saint-Germain y “era una puta” en los barrios de Anvers y la plaza Blanche. Regularmente trabajaba en Pigalle, en el bosque de Boulogne y, de tanto en tanto, en la localidad 17 cerca al metro Rome. Ella buscaba clientes en las calles y los recibía en los hoteles del barrio. Vera no pagaba a ningún proxeneta en Pigalle, pues no vivía allí. Afirma que nunca tuvo problemas con los proxenetas de la zona, ya que las travestis manejaban ellas mismas sus redes. En el bosque había numerosas brasileñas y Vera recuerda que al final de la semana se podían ver trancones de clientes y personas curiosas que iban a verlas. A pesar de la superioridad numérica de las brasileñas, Vera tuvo problemas de negociación para encontrar un lugar en el que pudiera ejercer en los senderos del bosque. Los hombres del Gros Dedé, el famoso proxeneta12 El Gros Dedé fue arrestado en marzo de 1993. El proxeneta marsellés poseía numerosos apartaestudios en la capital francesa que eran alquilados por las prostitutas que le pagaban entre 70.000 y 100.000 francos mensuales. A.G., “Le Gros Dedé tombe à Paris”, Parisien Libéré, 29 août 1993. , le pedían dinero para otorgarle un lugar. Para huir de esta extorsión, Vera buscó con sus colegas otros lugares para buscar y recibir clientes, y terminó por instalarse en el bosque de Saint-Germain-en-Laye. Fue allí donde las siguientes fotografías fueron tomadas:  

Imagen que contiene persona, mujer, joven, hombre

Descripción generada automáticamente

Vera y su amiga en Saint-Germain-en-Laye (fuente: Archivo de Vera)

Un hombre con una señal de alto en un campo

Descripción generada automáticamente con confianza media

Vera en Saint-Germain-en-Laye, alrededor de 1985 (fuente: Archivo de Vera)

Ciertamente en Saint-Germain-en-Laye había una menor cantidad de clientes en comparación con el bosque de Boulogne, debido a la distancia que lo separa de la ciudad y por ser menos reconocido como un sitio en el cual es posible ir al encuentro de trabajadoras sexuales. Pero el lugar ofrecía condiciones de trabajo similares a las del bosque de Boulogne, en el sentido de que las travestis buscaban a los clientes en las afueras del bosque y los recibían tras los árboles. 

El bosque de Boulogne y Pigalle eran importantes puntos de concentración de la prostitución brasileña. Pero esta actividad tenía una territorialidad fluida: existían otros puntos de prostitución aislados en varios puntos de la ciudad. Esta prostitución extendida se explica por el hecho de que, por facilidad, algunas travestis que vivían por fuera de la 9ª localidad buscaban clientes cerca a sus casas. Según Vera, en esa época, “París estaba dominada por las brasileñas”. Este éxito estaba acompañado por una ventaja financiera: los precios ofrecidos por las brasileñas eran más elevados que aquellos propuestos por travestis de otras nacionalidades e incluso, a veces, eran más elevados que los de las “prostitutas mujeres”13 Sin comillas en el original [NdT]. . Los ingresos de Vera podían llegar a ser de unos 2.000 francos por noche de trabajo en el bosque de Boulogne. Sin embargo, su modo de vida le impedía ahorrar. Dice: “si no me hubiera gastado todo en drogas, fiestas y ropa, sería rica”. Las condiciones de trabajo en la calle la conducían, a veces, al consumo de drogas: para soportar el frío, tomaba whisky con anfetaminas, y así poder resistir toda la noche. 

En términos de la sociabilidad, el final de los años 1970 y el inicio de los años 1980 fueron resplandecientes para el entretenimiento gay. Vera frecuentaba las fiestas de sitios muy celebres de la noche parisina como Palace, Galaxy u Opera Night. Durante el día, se paseaba por Pigalle en las tiendas en donde las travestis compraban sus atuendos; algunas costureras se especializaron para confeccionar vestidos adecuados. Es el caso de Angela Pavon, estilista y creadora hasta el día de hoy de colecciones de “ropa para travestis”. Vera recuerda algunos establecimientos a donde iba frecuentemente con sus amigas travestis para realizar compras. Por ejemplo, recuerda una tienda de zapatos ubicada en la calle Lafayette que vendía tacones grandes y otra ubicada en Pigalle que vendía vestidos de gala, así como tiendas de segunda mano y mercados en el barrio de Barbès donde podía encontrar ingredientes culinarios típicos de su país, además de maquillaje, accesorios de belleza y perfumes a buen precio.

Vera conciliaba el trabajo de prostitución con un empleo oficial en una fábrica de papel que pertenecía a uno de sus clientes. Allí, ella hacía el oficio de limpieza. Era una de las pocas travestis que quería tener un trabajo de ese tipo, sabiendo que el mercado sexual ofrecía mejores pagos. Vera cuenta que consiguió un trabajo y pudo obtener la residencia en Francia y quedarse de manera regular. Subraya la suerte que tuvo en ese aspecto, pues algunos años más tarde “la migración se cerró para las brasileñas”. 

El mercado de la prostitución empezó a deteriorarse con la muerte de las primeras víctimas del Sida. Vera cuenta que la muerte de Fabrice Emaer14 Fabrice Paul Emaer, célebre productor de la noche parisina y propietario del club Le Palace, murió el 11 de junio de 1983. sorprendió a toda la comunidad gay de París: “todo el mundo tenía miedo, en el bosque las travestis desaparecían de la noche a la mañana y la policía de nos detenía con mayor frecuencia, de hecho, cerraron el bosque en varias oportunidades”. Se trata de un tema delicado en la medida en que toca recuerdos dolorosos, pues una gran parte de sus amigas murieron como consecuencia de la enfermedad. Vera afirma que antes de tener informaciones más precisas sobre el Sida, nadie sabía lo que estaba pasando y, todas las mañanas, ella pensaba que podía ser la siguiente. Con las dificultades en el bosque de Boulogne, Vera se las arregló para poder pagar un arriendo menos costoso y se fue a vivir a una pensión en la Puerta de Saint-Ouen llamada Villa Biron – habitada por portuguesas en aquella época. En el edificio ya había comercio sexual, pero Vera lo inaugura en una modalidad que hacía uso de anuncios publicitarios que aparecían en el magazín La Vie Parisienne. Como Vera no sabía escribir, le pedía ayuda a su amiga Marina para redactar y publicar los anuncios. Sus amigas no creían en las posibilidades de éxito de la iniciativa de Vera por la ubicación de Villa Biron que se encontraba lejos del centro de la ciudad y del bosque de Boulogne. Sin embargo, el comercio sexual por los anuncios se fue desarrollando exitosamente y Vera reivindica la creación de este espacio que, hasta el día de hoy, es un lugar de prostitución travesti. 

A pesar de la represión policial y la disminución de la clientela como consecuencia de la epidemia de Sida, Vera frecuentaba de vez en cuando el bosque, por nostalgia y para ganar algo de dinero que le permitiera llegar a final de mes. En 1993 una tragedia irrumpe en la vida de Vera: volviendo del bosque con un cliente, sufre un accidente de tránsito y pasa 13 meses en el hospital, 3 de los cuales estuvo en coma. Tuvo heridas graves, su recuperación fue lenta y hasta el día de hoy tiene problemas de movilidad. Tras su salida del hospital, Vera se va de Villa Biron y encuentra un estudio en Marcadet-Poissoniers. La imposibilidad de trabajar la llevó a solicitar la ayuda de la asociación PASTT y de su amiga Camille Cabral. Gracias a los esfuerzos de Cabral, Vera logró obtener la nacionalidad francesa lo que a su vez le permitió acceder a ayudas sociales y a pensiones estatales para las personas en situación de vulnerabilidad. 

Hoy, con 68 años, Vera vive en un apartamento subvencionado por el estado gracias a la mediación de la asociación PASTT. La subvención mejoró considerablemente las condiciones de vida de Vera que puede cubrir todas sus necesidades autónomamente sin mayores dificultades, lo cual sería muy difícil en Brasil. Muy de vez en cuando, Vera va a su país natal y está satisfecha con su vida parisina. Llena de esperanza, sigue pensando en el futuro y, de hecho, planea someterse a una cirugía estética con un doctor conocido en los círculos travestis de París, en un consultorio de cirugía plástica ubicado en la localidad segunda, para implantar silicona en sus mejillas. 

Este muy particular recorrido rebela las singularidades de la vida de una travesti brasileña, tanto en su país como en París. El rechazo de su familia, el paso por las calles de Brasil, la inserción prácticamente obligada en el mercado del sexo, la utilización de técnicas de modificación corporal para lograr rasgos femeninos y, finalmente, el sueño de tener una nueva vida en París, son rasgos comunes entre muchas travestis brasileñas. Efectivamente, el relato de Vera Furacão ilumina la experiencia del acuerdo implícito entre estos personajes y la comunidad francesa que les acoge y mantiene en una marginalidad específica de género, de profesión, de nacionalidad y de sexualidad.

Notas

Notas
1  *Marina Duarte es postdoctorante en la Universidad Paris 8 (LEGS), doctora en historia de la Universidad Paris Diderot – Paris 7 (CERILAC).
2  **Andrea Barrera Téllez es doctora en sociología y género de la Universidad de Paris Cité, integrante del grupo de investigación en Teorías Políticas Contemporáneas de la Universidad Nacional de Colombia y miembro fundadora de la revista Madriguera.
3  El número de la revista Le Matin del 24 de octubre de 1981 dedica un dossier especial a las travestis. Dos reporteros, Elisabeth Salvaresi y Manuel Joachim, que vivieron más de un mes y medio con travestis en París, presentan allí su trabajo de campo.
4  EL sentido del término “travesti” en este artículo no está correlacionado con la definición del diccionario no con su utilización cotidiana. En el sentido común, la palabra “travesti” es evocado frecuentemente y entendida con una connotación peyorativa. Su vinculación con la palabra “travelo” en los años 1970 -momento de entrada de las travestis brasileñas y del aumento de la prostitución travesti en la capital francesa- 1980 vino a reforzar su comprensión negativa. En el contexto de este estudio, este término es entendido como una palabra que designa a un grupo formado en la cultura brasileña y que adquirió características propias de su entorno. Esta aproximación está basada en una perspectiva que privilegia la categoría émica. Es decir que, de una parte, los sujetos serán llamados por la manera en que ellas/ellos se reconocen – hablar de travestis en femenino, por ejemplo – y, de otra parte, los puntos de vista de los actores y su palabra, su memoria, serán valorizadas. Esta interpretación émica se opone a la metodología ética basada, por su parte, en observaciones externas que no se interesan por las significaciones otorgadas por los actores. Es con esta perspectiva, sensible a las palabras de los actores, que pude diagnosticar la fluidez con la cual las palabras travesti, transexual, transgénero, son utilizadas a diario sin el rigor que una taxonomía fijada esperaría. Contrariamente a lo que los científicos esperarían, una clasificación bien definida de aquello que las palabras representan – que haría más clara la explicación – no es evidente. Estos análisis salen de una discusión teórica en el campo de la lingüística. Ver: Jean-Pierre Olivier de Sardan, “Émique”, l’Homme N° 147, 1998, p. 153.
5  NdT: En el texto original, la autora habla aquí de travestis en femenino (“travesties”), a diferencia del masculino empleado por la citada revista. 
6  Ver: Lola Gonzalez-Quijamo, Paris: Capitale de l’amour. Fille et lieu de plaisir à Paris au XIX siècle. Paris: Vendémiaire. 2015. 
7  Según Don Kulick, las autobiografías de las personas transgénero norteamericanas y europeas no hacen ninguna referencia a un deseo homoerótico como detonante de autopercepción en tanto que persona transexual. Al contrario, la idea de atracción sexual por los hombres, como hecho decisivo para el proceso de transición de género, es constantemente negada. Así, para el antropólogo, este lazo entre homosexualidad y transexualidad es propio de los relatos de vida de las travestis brasileñas. Ver: Don Kulick, Travesti – Prostituição, Sexo, Gênero e Cultura no Brasil, Rio de Janeiro, Fio Cruz, 2013 p. 67. 
8  En su relato, Vera no nombra estas relaciones como violaciones o abusos.
9  “Baile dos enxutos” era un famoso baile del carnaval de Río de Janeiro cuyo apogeo duró desde los años 1950 hasta los años 1970.
10  João Francisco dos Santos nacido en Gloria do Goitá, el 25 de febrero de 1900 y fallecido en Río de Janeiro, el 12 de abril de 1976, conocido popularmente por el apodo de Madame Satã, era un transformista brasileño. Fue una figura emblemática y uno de los personajes representativos de la vida del barrio de Lapa en la primera mitad del siglo XX. 
11  Cita original: “elas não sabiam falar francês, mas pra « fuder » a lingua é universal”.
12  El Gros Dedé fue arrestado en marzo de 1993. El proxeneta marsellés poseía numerosos apartaestudios en la capital francesa que eran alquilados por las prostitutas que le pagaban entre 70.000 y 100.000 francos mensuales. A.G., “Le Gros Dedé tombe à Paris”, Parisien Libéré, 29 août 1993. 
13  Sin comillas en el original [NdT]. 
14  Fabrice Paul Emaer, célebre productor de la noche parisina y propietario del club Le Palace, murió el 11 de junio de 1983.