La ideología transgénero Tiempo: 18'

Constance Lefebvre*1*Militante feminista y trans, cofundadora y responsable del blog “Questions trans et féministes” (“Cuestiones trans y feministas”).

Traducido por Andrea Barrera Téllez**2Andrea Barrera Téllez es doctora en sociología y género de la Universidad de Paris Cité, integrante del grupo de investigación en Teorías Políticas Contemporáneas de la Universidad Nacional de Colombia y miembro fundadora de la revista Madriguera.

Prólogo

Utilizo por defecto el género femenino, pero se entiende que, salvo mención contraria, lo que escribo se aplica tanto a las mujeres trans como a los hombres trans y a las personas no-binarias. 

Prefiero utilizar la palabra sexo allí donde la mayoría de las personas utilizarían género, con el propósito de luchar contra la reificación del sexo como una invariante biológica desapegada de cualquier aspecto social, frecuentemente asociada, de manera ingenua, a la dicotomía sexo/género (naturaleza/cultura). La anatomía también está afectada por la sociedad y no existe un cuerpo natural. 

En consecuencia, hablo indistintamente de transición o de cambio de sexo, pues el cambio de sexo no designa, ni específicamente ni necesariamente, modificaciones anatómicas, sino el proceso de alteración voluntaria de pertenencia (o no-pertenencia) a una u otra categoría de sexo, y todos los métodos que puedan estar asociados a este proceso (cambio de nombre, de apellidos, de vestimenta, trabajo vocal, toma de hormonas, operaciones, cambio de nombre y de sexo en el registro civil, etc.). 

Introducción

Una peligrosa ideología transgénero amenaza la sociedad: ¡sería posible ser un hombre o una mujer sin haber sido reconocida (“asignada”) como tal desde el nacimiento! Cada vez más jóvenes, chicas y chicos, afirman haber nacido en el cuerpo equivocado. Peligrosas militantes queers afirman que los órganos genitales no determinan si sus propietarias son hombres o mujeres. ¿Qué está pasando? ¿En qué consiste este nuevo fenómeno? ¿Por qué los medios de comunicación quieren normalizar el hecho de ser trans?

A esto respondo: ¿y por qué no? ¿Por qué cambiar de sexo no sería tan sencillo como cambiar de nombre o de trabajo? ¿Por qué no deberíamos enseñar a las niñas que es tan normal cambiar de sexo como sentir afecto y atracción por una persona del mismo sexo? Los católicos, los reaccionarios, los tránsfobos denominan esta educación como la “teoría de género”, la “ideología de género” o la “ideología transgénero”. ¿Y si la ideología transgénero fuera precisamente lo contrario, es decir, hacer de la transición una excepción, una anomalía e incluso una enfermedad?

A partir de un resumen de los orígenes médicos y jurídicos de la transexualidad contemporánea, en este texto muestro cómo se ha construido una concepción del cambio de sexo fundada en el sufrimiento y la patologización, que permite conciliar la realidad de la transición con la ideología patriarcal de la diferencia sexual. La transición es asumida como rara y excepcional, lo que la hace aún más intrigante y anima a interrogar a las trans sobre el origen de su deseo de transición. Intentando hacer de la transición algo inteligible para las personas cis (las personas que no son trans), e insistiendo en particular en el sufrimiento que estaría asociado a la transición y al deseo de transición, se construyen relatos que pueden ser alienantes para las personas trans y para las personas que contemplan la transición. Es necesario, entonces, rechazar la exigencia de justificación frente a la transición para que la transición sea aceptada como una experiencia normal y positiva de la vida humana. 

Génesis de la transexualidad moderna

 Con la revolución industrial, la colonización, el crecimiento de los centros urbanos, el éxodo rural y las importantes migraciones entre regiones lejanas, parece que el siglo XIX presenció la existencia de numerosos hombres y mujeres que desafiaron la asignación de sexo. Entre ellas había doctores, soldados, revolucionarias (Amelio Robles Ávila), parteras (Mrs Nash), maestras de escuela (Alice Baker), etc. El podcast One From The Vault de Morgan M. Page consagra varios episodios a la historia desconocida de estas personas. 

Los relatos indirectos de la época, como artículos de prensa, las designan generalmente como “hombres disfrazados de mujeres” o “mujeres disfrazadas de hombres”, pero los testimonios directos de aquellas y aquellos que las conocieron, las describen frecuentemente en conformidad con su sexo reivindicado. Tomemos como ejemplo el testimonio de un marinero a propósito de la muerte de uno de sus colegas en el naufragio del paquebote inglés Atlantic en 1873. Con el descubrimiento del cuerpo del marinero muerto, un detalle oculto de su identidad resultó por ser traicionado: “no sabía que Bill era una mujer. Él se tomaba su ponche con el mismo ánimo que nosotros, él pasaba su tiempo pidiendo o robando tabaco. Sin embargo, era un buen muchacho, y me aflige saber que era una mujer3Frank Leslie’s Illustrated Newspaper, n° 917, 26 avril 1873 (traducción libre de la autora. NdT:  traducción libre de la traductora desde el francés).. La correspondencia alrededor de la muerte del médico James Barry, inventor de la cesárea moderna, resulta igualmente diciente4James Barry, artículo de Wikipedia en francés. NdT: James Barry, artículo de Wikipedia en español. . Era posible, pues, cambiar de sexo incluso antes de la aparición de cualquier técnica médica de alteración de la anatomía5Intencionalmente no menciono aquí a los castrati y fenómenos similares porque no se trata, a mi conocimiento, de una decisión deliberada.

Al inicio del siglo XX las transiciones se medicalizaron. Las primeras operaciones genitales tuvieron lugar en la década de 1920, seguidas por la administración de hormonas en los años 40/506 Cuando los estrógenos y las testosteronas fueron identificadas y empezaron a ser producidas, la ideología de la diferencia sexual fue profundamente afectada, tal y como ocurrió posteriormente con el descubrimiento de los cromosomas sexuales. Se pensaba entonces que se había encontrado la llave de la sexuación y ese vivo entusiasmo generó numerosas experiencias de administración de hormonas sexuales para tratar de tipo de enfermedades: falta de deseo sexual en las mujeres, dolores menstruales, etc. (evidentemente, las mujeres eran percibidas, como pasa hoy en día, deficientes en relación con los hombres).  . Los progresos de la cirugía y de la endocrinología hicieron posible, para un pequeño grupo de personas, un cambio de sexo más sencillo. La radicalidad de las modificaciones físicas y anatómicas fue haciendo del modelo del travestismo algo obsoleto. Se dejó de hablar de hombres disfrazados de mujeres y se empezó a hablar de hombres que se volvieron mujeres, como lo muestra la cobertura mediática, a nivel mundial, de la transición de Christine Jorgenden desde 1952. 

La realidad del cambio de sexo se impuso y comenzó a ser molesta: a pesar de los múltiples obstáculos erigidos por la sociedad, las mujeres se vuelven hombres, los hombres se vuelven mujeres, y otras personas siguen rechazando, obstinadamente, el ser confinadas por la sociedad a alguna de las dos categorías de sexo que tratan de imponerles. La “metamorfosis impensable”7La métamorphose impensable. Essai sur le transsexualisme et l’identité personnelle, Gallimard, Paris, 2003. Ensayo del filósofo y psicoanalista Pierre-Henri Castel.  se hizo realidad. Esta experiencia irrefutable de transición llegó para oponerse a la ideología patriarcal que tiene como uno de sus pilares al carácter supuestamente natural, inmutable e inalterable de las categorías de sexo y de la jerarquía que les es correlativa. Emergió entonces la necesidad de un discurso que permitiera hacer inteligible esta experiencia sin cuestionar la ideología patriarcal. 

El deseo de transición como sufrimiento

Siguiendo los trabajos de Magnus Hirschfeld, la sexología proveyó la clave de dicha explicación por medio del paradigma del transexualismo, creado por Harry Benjamin.  Magnus Hirschfeld describe a sus pacientes como personas que expresan su convicción de pertenecer al “sexo opuesto” o de tener “el cuerpo equivocado”. El diagnóstico de transexualismo se puede resumir como sigue: el deseo o la convicción profunda, prolongada e inflexible de pertenecer al “sexo opuesto”, lo que genera un sufrimiento invalidante y que no se puede aliviar por otros medios que no sea la transición médica y social8 Al respecto, ver La métamorphose pensable : trois théories du changement de sexe, conferencia de Pauline Clochec en el coloquio La prise en charge médicale des LGBTI, Université Picardie Jules Verne, 21 de enero de 2021..  

Es necesario entender que la creación de esta clasificación se desprende de la necesidad que tienen estos médicos de justificar que los tratamientos de transición que proponen estén inscritos dentro de procedimientos de carácter científico. Hasta hoy, las personas trans han tenido que asumir la carga de explicar su deseo de transición, pues el deseo de cambiar de sexo no es asumido como una explicación satisfactoria por sí misma. De hecho, ninguna explicación es asumida como realmente satisfactoria por los médicos y la sociedad, de modo que se hace necesario que ésta sea inefable y que se ubique por fuera del entendimiento. Por ello, el deseo de transición es desplazado al terreno de lo íntimo: el hecho de sentirse íntimamente mujer, el hecho de sentirse o de creerse prisionera de un cuerpo que no es el propio. En resumen: justificaciones que no pueden ser racionalizadas y que llegan a ser casi míticas9 Algunas feministas tránsfobas francesas se apoyan en esta idea para calificar al “transgenerismo” como una creencia religiosa. Así, pueden llegar a firmar que la lucha contra las trans es una lucha por la laicidad que sirve de pretexto a todas las luchas racistas y reaccionarias de nuestra época. .   

La justificación médica de la transición estaba acompañada por un aspecto normativo: se esperaba, por ejemplo, que las candidatas a la transición fueran heterosexuales en el sexo “de llegada”, las personas que ya tenían hijas e hijos quedaban automáticamente excluidas del procedimiento, etc. Este gatekeeping (filtro) realizado por el cuerpo médico, así como los protocolos y los criterios para el diagnóstico, se han ido flexibilizando con el paso de los años. Las razones para este cambio obedecen, sobre todo, al hecho de que los médicos se fueron dando cuenta de que el deseo de transición no se trata ni con la psicoterapia, ni con medicamentos psicoactivos, ni con electroshocks, y que muchas de las pacientes excluidas terminan por acceder a las hormonas por otros medios que, en algunas ocasiones, implican riesgos para su salud10 Marie-Pierre Pruvot (apodada Bambi) cuenta que algunas de sus compañeras se tomaban, a diario, el equivalente a un mes entero de pastillas anticonceptivas, con la esperanza de acelerar los cambios físicos, con efectos nocivos para su salud. El desarrollo de internet permite un acceso más sencillo a las comunidades trans, favoreciendo el intercambio de información sobre tratamientos médicos. Pero esto no resuelve necesariamente la cuestión de la seguridad de las hormonas cuando éstas son adquiridas en el mercado negro. . Sin embargo, la transición es frecuentemente la opción más provechosa para las solicitantes. Se puede decir que casi después de un siglo, esta representación del deseo de transición, comparable a la psicosis y entendido como causa de un inmenso sufrimiento, sigue siendo dominante hasta la actualidad. Aún entre los médicos menos tránsfobos, la transición sigue siendo percibida mayoritariamente como una necesidad médica más que como un deseo legítimo.

La transfobia comparte elementos idénticos con la homofobia. Por ejemplo, la Iglesia11 NdT: en mayúscula en el original.  católica estima que la homosexualidad es, ante todo, un estado psicológico, fuente de sufrimiento (“intrínsecamente desordenada”), y que el deseo por el otro puede y debe ser reprimido por medio de la oración, la amabilidad del entorno y, de ser necesario, por medio de tratamientos médicos. Si esta visión de la homosexualidad es cada vez menos popular en el resto de la sociedad, ampliamente secular, esto es menos cierto en lo que concierne a la transexualidad que sigue siendo asociada a la disforia de género y, en consecuencia, a un tipo de sufrimiento psicológico. De allí se deriva la creencia en la posibilidad de tratar/atenuar la disforia sin pasar por la transición, así como la idea de que la disforia no se atenúa con la transición. Esta creencia ha venido siendo desmentida desde hace varias décadas por la infructuosa experiencia de médicos, sin que haya podido ser desmontada. 

En el caso de las tránsfobas militantes, la hostilidad a la transición se traduce en numerosas ideas fantasiosas alimentadas por el intercambio de relatos de renuncia a la transición, de des-transición o de cura del deseo de transición12Frecuentemente muy orientados como lo indica este testimonio de Ky Schevers que ha militado en grupos destrans, , y por relatos mucho más horrorosos de complicaciones postoperatorias y de maltratos médicos que representan, a su juicio, la norma en materia de transición. Estas personas propagan igualmente discursos falsos y alarmistas sobre las hormonas causantes de accidentes cardíacos o vasculares y de cáncer. Asimismo, los bloqueadores de pubertad son descritos como sustancias extremadamente peligrosas13 Recordemos aquí que los bloqueadores de pubertad, utilizados en principio para retardar la pubertad precoz en niñxs cis, es utilizada por los médicos que tratan niñxs trans como un medio de hacerles esperar antes de la toma de testosterona o de estradiol. La razón puede ser la legislación local sobre ciertos actos médicos, pero lo más frecuente es que se trata de la repugnancia que sienten los médicos al dejar que lxs adolescentes trans comiencen tempranamente la pubertad que desean, esperando que cambien su opinión (de hecho, en inglés se habla de desisiters – NdT: “desistidores”). . Esas militantes anti-trans generalmente rechazan la idea de que la imposibilidad de cambiar de sexo puede ser una fuente de sufrimiento: en cambio, serían la transición y el deseo de transición, en sí mismas, las fuentes de sufrimiento y serían causadas por otros desequilibrios psíquicos como la depresión, la esquizofrenia, o serían favorecidas por el autismo. Encontramos así la idea de que sería necesario, en primer lugar, tratar la depresión, la ansiedad u otras enfermedades psiquiátricas antes de iniciar la transición: sería necesario alejar cualquier otra forma de malestar para poder determinar la presencia (o la ausencia) de una disforia de género pura, diferente e independiente del resto del psiquismo. Las militantes anti-trans afirman con frecuencia que no existen personas trans, sino únicamente personas disfóricas, es decir, enfermas, y que la transición no resuelve la disforia. Pretenden, así, proponer medios alternativos para luchar contra la disforia14 Lo que corresponde muchas veces, en realidad, a terapias de conversión: se trata in fine de prevenir la transición. 

En los medios de comunicación y de entretenimiento, la representación de las trans y de la transición es sistemáticamente cubierta con sensacionalismo y pathos: la increíble transformación es, por definición, rara y excepcional; las trans son extraordinariamente valientes. Alexandre Baril muestra que la intimidad de las personas trans es intencionalmente diseccionada por los medios de comunicación15 Esta cuestión, así como otras cuentas abordadas en este texto, han sido tratadas en reflexiones más profundas por Alexandre Baril en el artículo “Société de l’aveu, cis-tème de l’aveu : repenser le consentement à la lumière des images intimes de personnes trans* dans les medias”, revista GLAD ¡, n°5, diciembre 2018.. Considero que esta intrusión en la intimidad termina por ofrecer una representación de la transición como último recurso, una experiencia que se encuentra en los límites de lo que puede ser vivido por el ser humano. La palabra de los expertos es, muchas veces, otorgada a los médicos, psicólogos o psicoanalistas cis. Cuando las periodistas solicitan la opinión de las personas trans, suelen hacerlo para buscar, directa o indirectamente, un testimonio personal más que su experticia, incluso cuando hablan en nombre de una asociación, como investigadoras o como especialistas de un aspecto particular de la transitud16 La autora emplea el neologismo “transitude” que hemos dado en traducir, siempre que aparece en el texto, por “transitud” [NdT].. Así, siguiendo las conclusiones de Karine Espiñeira y Maud-Yeuse Thomas, casi siempre las trans son objetos y no sujetos de su representación mediática17Études Trans, interroger les conditions de production et de diffusion des savoirs, Karine Espineira et Maud-Yeuse Thomas, revista Genre, sexualité & société, n°22, Otoño 2019..   

La ficción, en las películas o las series, se basa asimismo en arquetipos propios, basados en la idea del sufrimiento. Respecto de la representación de las mujeres trans, Julia Serano identifica, por ejemplo, los arquetipos de la mujer trans patética y de la mujer trans usurpadora18Manifeste d’une femme trans et autres textes, Julia Serano, ed. Cambourakis, trad. Noémie Grünenwald. Las personas trans son representadas como autoras o víctimas de graves violencias. La violencia de las mujeres trans asesinas es explicada por medio de su transitud y los sufrimientos que conllevaría: el personaje de Buffalo Bill en El silencio de los inocentes mata mujeres pues le ha sido negada la transición; el personaje trans de Pretty Little Liars es un asesino debido al acoso al que ha sido sometido. Este último ejemplo, reciente, me parece aún más interesante por cuanto la realizadora Marlene King se ha defendido de las acusaciones de transfobia, asegurando que denuncia los malos tratos sociales y familiares que sufren las personas trans: “si usted trata a alguien como si no valiera nada, hay posibilidades que esta persona trate de los demás como si no valieran nada19Behind That Controversial « Pretty Little Liars » Transgender Reveal, Buzzfeed.com. Esta representación negativa tiene, por supuesto, consecuencias: para Pauline Clochec, por ejemplo, constituye una manera de disuadir las transiciones20Entre punition et altérisation : médiatiser les femmes trans pour décourager les transitions, Pauline Clochec, Questions Trans & Féministes..   

Las organizaciones y militantes que defienden los derechos de las trans no se quedan por fuera. La defensa de los derechos de las trans suele hacer alusión a su fragilidad, a veces llegando hasta el ridículo. Es lo que llamo el bebé foca: se debe proteger a las trans porque son tan frágiles que se suicidan como “leminos”21 Los leminos (Lemmini) son roedores que viven en Norteamérica y de los que se dice que se suicidan en masa como mecanismo de autorregulación.  . Las reivindicaciones por los derechos de las trans son, con demasiada frecuencia, presentadas como necesarias para resolver los sufrimientos de las personas trans. La perspectiva de la igualdad de derechos o de la legitimidad de hacer lo que a bien tengamos pasan a ser secundarios (y es normal) en la lucha contra las discriminaciones. Digo esto siendo plenamente consciente que somos muchas las que llevamos a cuestas el duelo por la muerte de camaradas, amigas, a veces de amantes. No es una realidad que quiera minimizar: es el sentimiento de compasión y todo lo que implica lo que estoy denunciado. 

En algunos de los discursos de las trans se puede notar, en particular, un énfasis frecuente en los asesinatos de los que son víctimas las mujeres trans. Si bien es cierto que algunas mujeres trans, especialmente migrantes y/o que viven de la prostitución, están particularmente expuestas, otras personas trans que están a salvo de dichos riesgos desarrollan un miedo “irracional”22 Sin comillas en el original [NdT]. y parecen, a veces, sinceramente convencidas del hecho de que ellas corren el riesgo de ser asesinadas a la vuelta de cualquier esquina. En este punto es posible establecer un paralelo con el miedo que sienten las mujeres, a quienes se les enseña desde muy jóvenes que no deben regresar solas a casa, aun cuando esa no es necesariamente la realidad que viven: se trata de regular por la vía del miedo sus comportamientos y de restringir sus libertades. Eso crea un ambiente poco acogedor para las personas que se cuestionan o que están iniciando la transición, al recibir desde muy temprano, de manera frontal, las cifras alarmantes de los suicidios y las discriminaciones. Difícil, pues, no temer o no creer que el cambio de sexo es una condena a una vida difícil. 

La coherencia de esos discursos negativos me lleva a considerarlos como producto de un principio común: la transición es excepcional, difícil, causada por el sufrimiento, y la transición es en sí misma dolorosa y con resultados inciertos. Por bondad, se elogia el coraje de las personas trans. Por maldad, se denuncia un desafío a la naturaleza. En todos los casos está presente la consciencia de que no se puede alterar su propia sexuación o, en caso de ser así, se debe pagar el precio de la transgresión: el sufrimiento sería inevitable e intrínseco a la transitud. Llamo ideología transgénero al conjunto de estos discursos negativos centrados en el sufrimiento de las trans. De allí se desprenden la compasión, la infantilización, la deslegitimación de los deseos, de las experiencias y de las ideas expresadas por las personas trans. Como expresión del cisexismo23Du cissexisme comme système, Pauline Clochec, en la página web del Observatoire des transidentités., termina por reforzar la ideología patriarcal. 

¿La transición feliz?

Frente a esta avalancha de pesimismo, también es posible encontrar celebraciones de la transitud en los movimientos queer, en medios sociales como el de la moda y, aunque de manera más excepcional, en los medios de comunicación. En esos casos, la transitud es exaltada como rebelión contra las normas de género, dotada de un increíble potencial revolucionario, portadora de una estética singular. Pero, entonces, se trata de una fetichización. En ese contexto, la transitud sigue siendo el objetivo del cisexismo: excepcional, fascinante, pues, está por fuera de la norma. 

Así, las trans se ven confrontadas a una cierta tendencia obligatoria hacia la radicalidad y el cuestionamiento del género. Esta carga recae, ante todo, sobre los hombros de las personas trans y no en los de las personas cis, como queda demostrado por la obsesión de las feministas, tránsfobas o no, por la conformidad o la inconformidad de las trans a las normas de género. Las mujeres trans son particularmente escrutadas, juzgadas siempre como muy masculinas o femeninas24 « Femme trans et féminisme : les obstacles à la prise de conscience féministe et le cissexisme des féministes », Constance Lefebvre. El texto apareció publicado en el libro « Matérialismes trans », ed. Hystérik et associées, dir. Pauline Clochec, Noémie Grünenwald.. Recientemente me contaron el caso de una mujer cis muy molesta que, al enterarse de que un hombre trans deseaba ser padre algún día, pero no tenía la intención de gestar él mismo a su hijx, argumentaba que él contradecía así su voluntad de abolir el género. 

En general, se podría decir que las vidas trans estarían obligadas a escapar a la norma. Sin embargo, como muchas personas trans han podido constatarlo, ser trans no tiene nada de glamuroso, ni de trágico, ni de excepcional. Las vidas trans son, la mayor parte de las veces, vidas ordinarias, normales e, incluso -lo crea usted o no- perfectamente aburridas. 

Imposible negar el hecho de que vivimos en una sociedad obsesionada por la diferencia de sexos, como lo prueba el uso sistemático de las palabras mujeres, hombres y sus sinónimos para designar a los individuos que no conocemos. El sexo es uno de los primeros rasgos por los que somos identificadas. ¿Implica esto que este carácter está necesariamente fijo? Pues en el momento en que conocemos a alguien, una de las primeras preguntas que recibimos es “¿cómo te llamas?” y “¿qué haces?”: las respuestas son rasgos importantes, incluso esenciales de cada individuo. Sin embargo, podemos cambiar de nombre como podemos cambiar de trabajo o de ocupación y raramente decimos nuestro antiguo nombre o trabajo si ya hemos cambiado el uno u el otro en alguna oportunidad. A veces estos temas salen en las conversaciones más o menos rápido, otras veces puede llegar meses o años después de que la gente se conoce.

El cambio de nombre es entonces un elemento, si se quiere, simple de la historia de una persona y sobre el cual no se indaga ni se pide justificaciones con insistencia. Por ejemplo, Ségolène Royal y Marie Le Pen, excandidatas presidenciales en Francia, tienen un nombre diferente al que les fue dado cuando nacieron y esta información no es considerada importante, de hecho, la mayoría de las personas desconocen este detalle. Cuando uno presenta a dos personas, unx no siente la necesidad de indicar su antiguo nombre o trabajo. Sin embargo, el cambio de sexo es percibido como excepcional. Es llamativo que las personas cis digan frecuente y espontáneamente que una persona es trans cuando la presentan por primera vez: muchas veces me he enterado de que una persona que no conocía es trans por la indiscreción de sus amigxs cis (¡o sus médicxs!) que me han dado esta información sobre la persona, a veces sin que yo misma me haya presentado como trans ante esos amigxs. 

La increíble carga de justificación de sí que recae sobre las trans y su entorno, en sus relaciones con el Estado y lxs médicxs, contrasta con la poca justificación solicitada cuando se trata de cambiar de nombre o de profesión. Sin embargo, ¿no podríamos acaso comparar la incomodidad del sexo asignado con la incomodidad del nombre no elegido y que no nos gusta? ¿Por qué no cambiarlo sería así de fácil? ¿Por qué no vemos la transición también como una fuente de alegría? Por ejemplo, considerarlo como un nuevo nombre para desapegarse del antiguo que no nos gustaba o que nos evocaba cosas negativas. ¿Por qué no podríamos celebrar así la segunda pubertad y los efectos, a veces lentos, pero siempre presentes de las hormonas?

En este punto nos enfrentamos, empero, al riesgo de vivir bajo un nuevo imperativo, en este caso positivo, de vivir positivamente su transición. De hecho, las trans disimulan sus dificultades físicas por miedo a que su transición sea obstaculizada o impedida por su familia o por el cuerpo médico, a veces también por el miedo al juicio de sus pares que muestran una transición feliz. Si el deseo de cambiar de sexo está causado por el sufrimiento (la condena de la disforia de género), entonces, por oposición, la transición debería ser una experiencia positiva (resolver la disforia por medio de la euforia del género). Esta euforia es presentada como liberadora, pero construida en oposición a la disforia no permite escapar al control del cuerpo médico sobre nuestras transiciones. Si bien la transición puede ser indudablemente una fuente de alegría, exaltar la revelación de una identidad profunda (authentic self25 En inglés en el original [NdT]. en inglés) nos niega la posibilidad de vivir de manera sencilla esta alegría. 

De lo que se trata, en cambio, es de reconocer la transición como un evento un tanto simple en la vida de un individuo. Detransicionar y retransicionar pueden ser igualmente procesos desdramatizados: elegimos detransicionar en un contexto particular y, como la vida sigue su curso, podemos decidir dejar de tomar hormonas e incluso podemos decidir volver al sexo anterior. 

Cuando en medio de una discusión organizada por el Círculo freudiano, el psiquiatra pediátrico Jean Chambry anotaba con pesar que sus jóvenes pacientes trans no les gustaba que se les preguntara porqué deseaban cambiar de sexo, decía lo siguiente: “es claro que la psiquiatría infantil, seguramente, se centrará en qué es lo que produce vivir todo eso, cómo vives todo eso, etc. Pero se prohíbe que se indague mucho en los fundamentos de la construcción identitaria o que se haga muy directamente, porque entonces eso genera choques […] Esta cuestión del porqué se vuelve insoportable y entonces se supone que sólo debemos estar concentrados en cómo ayudarte a vivir tan bien como sea posible”. Yo, por mi parte, las entiendo. La obsesión del porqué sólo da lugar a una respuesta: ¿por qué no?

Conclusión 

Una amiga mía, lesbiana, se cambió el nombre. Cuando le dijo a su familia que le gustaban las mujeres, reaccionaron muy mal y después de mucho llorar por tener que renunciar a sus ataduras, se cambió el nombre para no tener que pensar en sus padres que tantas veces le habían dicho «te quiero» y que no habían cumplido la promesa de esas palabras. Ahora utiliza su segundo nombre como nombre habitual. Sus amigas y amantes la llaman así, es como se presenta a su círculo afectivo. No ha cambiado su nombre oficialmente y es su antiguo nombre el que aparece en las listas de asistencia de la universidad. No siente la necesidad de cambiarlo porque su relación con sus profesoras es distante. Sin embargo, a raíz de oír a sus compañeros llamarla por su nuevo nombre, las profesoras también lo han adoptado espontáneamente sin que ella se los haya pedido. A veces le preguntan por qué se ha cambiado el nombre. Ella responde que no le gustaba el anterior y no le hacen más preguntas. Yo quisiera que fuera tan sencillo y liberador cambiar de género como lo fue para ella cambiar de nombre.

Notas

Notas
1 *Militante feminista y trans, cofundadora y responsable del blog “Questions trans et féministes” (“Cuestiones trans y feministas”).
2 Andrea Barrera Téllez es doctora en sociología y género de la Universidad de Paris Cité, integrante del grupo de investigación en Teorías Políticas Contemporáneas de la Universidad Nacional de Colombia y miembro fundadora de la revista Madriguera.
3 Frank Leslie’s Illustrated Newspaper, n° 917, 26 avril 1873 (traducción libre de la autora. NdT:  traducción libre de la traductora desde el francés).
4 James Barry, artículo de Wikipedia en francés. NdT: James Barry, artículo de Wikipedia en español. 
5 Intencionalmente no menciono aquí a los castrati y fenómenos similares porque no se trata, a mi conocimiento, de una decisión deliberada.
6  Cuando los estrógenos y las testosteronas fueron identificadas y empezaron a ser producidas, la ideología de la diferencia sexual fue profundamente afectada, tal y como ocurrió posteriormente con el descubrimiento de los cromosomas sexuales. Se pensaba entonces que se había encontrado la llave de la sexuación y ese vivo entusiasmo generó numerosas experiencias de administración de hormonas sexuales para tratar de tipo de enfermedades: falta de deseo sexual en las mujeres, dolores menstruales, etc. (evidentemente, las mujeres eran percibidas, como pasa hoy en día, deficientes en relación con los hombres).  
7 La métamorphose impensable. Essai sur le transsexualisme et l’identité personnelle, Gallimard, Paris, 2003. Ensayo del filósofo y psicoanalista Pierre-Henri Castel. 
8  Al respecto, ver La métamorphose pensable : trois théories du changement de sexe, conferencia de Pauline Clochec en el coloquio La prise en charge médicale des LGBTI, Université Picardie Jules Verne, 21 de enero de 2021.
9  Algunas feministas tránsfobas francesas se apoyan en esta idea para calificar al “transgenerismo” como una creencia religiosa. Así, pueden llegar a firmar que la lucha contra las trans es una lucha por la laicidad que sirve de pretexto a todas las luchas racistas y reaccionarias de nuestra época. 
10  Marie-Pierre Pruvot (apodada Bambi) cuenta que algunas de sus compañeras se tomaban, a diario, el equivalente a un mes entero de pastillas anticonceptivas, con la esperanza de acelerar los cambios físicos, con efectos nocivos para su salud. El desarrollo de internet permite un acceso más sencillo a las comunidades trans, favoreciendo el intercambio de información sobre tratamientos médicos. Pero esto no resuelve necesariamente la cuestión de la seguridad de las hormonas cuando éstas son adquiridas en el mercado negro. 
11  NdT: en mayúscula en el original. 
12 Frecuentemente muy orientados como lo indica este testimonio de Ky Schevers que ha militado en grupos destrans, 
13  Recordemos aquí que los bloqueadores de pubertad, utilizados en principio para retardar la pubertad precoz en niñxs cis, es utilizada por los médicos que tratan niñxs trans como un medio de hacerles esperar antes de la toma de testosterona o de estradiol. La razón puede ser la legislación local sobre ciertos actos médicos, pero lo más frecuente es que se trata de la repugnancia que sienten los médicos al dejar que lxs adolescentes trans comiencen tempranamente la pubertad que desean, esperando que cambien su opinión (de hecho, en inglés se habla de desisiters – NdT: “desistidores”). 
14  Lo que corresponde muchas veces, en realidad, a terapias de conversión: se trata in fine de prevenir la transición. 
15  Esta cuestión, así como otras cuentas abordadas en este texto, han sido tratadas en reflexiones más profundas por Alexandre Baril en el artículo “Société de l’aveu, cis-tème de l’aveu : repenser le consentement à la lumière des images intimes de personnes trans* dans les medias”, revista GLAD ¡, n°5, diciembre 2018.
16  La autora emplea el neologismo “transitude” que hemos dado en traducir, siempre que aparece en el texto, por “transitud” [NdT].
17 Études Trans, interroger les conditions de production et de diffusion des savoirs, Karine Espineira et Maud-Yeuse Thomas, revista Genre, sexualité & société, n°22, Otoño 2019.
18 Manifeste d’une femme trans et autres textes, Julia Serano, ed. Cambourakis, trad. Noémie Grünenwald
19 Behind That Controversial « Pretty Little Liars » Transgender Reveal, Buzzfeed.com
20 Entre punition et altérisation : médiatiser les femmes trans pour décourager les transitions, Pauline Clochec, Questions Trans & Féministes.
21  Los leminos (Lemmini) son roedores que viven en Norteamérica y de los que se dice que se suicidan en masa como mecanismo de autorregulación.  
22  Sin comillas en el original [NdT].
23 Du cissexisme comme système, Pauline Clochec, en la página web del Observatoire des transidentités.
24  « Femme trans et féminisme : les obstacles à la prise de conscience féministe et le cissexisme des féministes », Constance Lefebvre. El texto apareció publicado en el libro « Matérialismes trans », ed. Hystérik et associées, dir. Pauline Clochec, Noémie Grünenwald.
25  En inglés en el original [NdT].