Mujeres arrojadas a sus afectosTiempo: 13'

Autor imagen: Juan Diego Pérez Moreno

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Gabriela Pedraza Hoyos 

Pensé que la mejor forma de comentar esta propuesta teatral era dar cuenta – hasta donde me lo permite mi propio percibirme siempre opaca – de qué me movió a escribirla. Y digo movió porque la experiencia fue una de dislocación afectiva, catártica, intuitiva, más que un ejercicio intelectual bajo mi control ‘autónomo y soberano’: una experiencia que se “acusaría”, en esos términos, de ‘femenina’. Llevo actuando en el grupo de teatro de mi universidad durante varios años en los que he sido muchas distintas: muchas mujeres han vivido en mí y me han transfigurado en cada papel y cada escena, con cada nombre y cada historia. El espacio actoral se me ha presentado como un espacio terapéutico de autoconocimiento, de poder empujarme a rincones míos que no me permitiría explorar en un espacio no-escénico; pero sobretodo como un espacio de posibilidad abierta, en el que se me permite devenir plural, devenir otra(s), despojarme de mí misma y sentir mi cuerpo jugar cual marioneta suspendida en el escenario.  

Ese diálogo incesante entre lo que percibo de alguna forma como mi ‘yo’ y esa(s) otra(s), esa mujer plural, ha dado lugar a una serie de reflexiones afectivas, profundas, que casi se han incorporado en mis músculos con cada movimiento, con cada texto. Me percibí chiquita, ilusionada y luego rota, abandonada y culpable con Nina de La Gaviota.  Con Hedda Gabler me percibí fuerte y violenta, al tiempo asustada y sin salida. Las Tres Hermanas me hicieron ser vieja e irrelevante, luego joven e ingenua, deseada y atrapada, maternal y disgustada. Bailé a Nora en su Casa de muñecas y sentí cómo me engañaba incluso ‘el amor’: me sentí manipulable e irreverente, perdida y lúcida, superficial y profunda, esposa y ‘abandónica’. Salté entre la señora X y la señora Y en un debate incesante por quién era La más fuerte, la más puta, la más buena, la más querida, la más temida, la más mujer. 

Con cada papel y con cada narrativa tuve una sensación de vacío, de angustia al sentirme tan cooptada por ‘alguien otra’, al sentirme deslizándome entre dedos que no eran míos, observada por ojos ajenos, irreconocible, cambiada. Pero tal vez lo más miedoso del vacío fue su familiaridad. Me entendí actriz mucho más allá de mi tiempo en el teatro. Me entendí simuladora en cada sonrisa, en cada sueño, en cada baile, en cada gesto. Vi mi vida entera, a modo de guión, escrita y narrada por una voz ‘neutra, asexuada, imparcial, omniabarcante’ – El Hombre, El Uno -. Me aterré al sentirme ‘actuar’ en mi día a día como SE debe actuar cuando SE es mujer, cuando me sentí desear lo que SE debe desear y como SE debe desear, cuando me sentí ‘ser’ como SE debe ‘ser’. Vi mi mundo convertido en una Casa de Muñecas y las cuerdas de la marioneta me persiguieron incluso cuando dejé el escenario. 

Con mi historia entera devenida una obra de teatro, el espacio en el que me sentí más ‘yo’, más ‘libre’ fue precisamente en el lugar inventado tras el telón. En la apropiación del papel de ‘la simuladora’ percibí un punto de quiebre en esa narrativa que se me había impuesto. Vislumbré precisamente en esa sujeción de la mujer a ‘su’ papel – que ‘el que sí es Uno’ escribe por ella – la rendija de la posibilidad de resistencia: el apropiarse de la vida misma como paródica, o mejor, de la parodia como la vida misma. 

Al devenir más que mujer(es) ‘actriz’ me he buscado y me he encontrado un poco más ‘mía’ (léase en tono burlón) en cada una de las que soy: la cruel, la infantil, la inocente, la segura, la que necesita ayuda, la ‘emocional’, la fuerte, la ‘desatada’, la violentada, la violenta, la suicida y la homicida, la madre, la virgen, la feminista, la ‘femenina’, la risueña y la iracunda, la que ama y la que odia, la amiga, la hermana, la sola, la gaviota, la actriz. Esta adaptación teatral busca dar cuenta de este camino, de un pedacito de esta vida paródica; pero también busca darle una voz múltiple a la que quiera leerse en ella, para la que quiera devenir actriz en su compañía y reírse un rato de su propia obra de teatro.

Gran parte de estas exploraciones se fraguaron en la compañía del libro El Sexo que no es Uno de Luce Irigaray.

Mujeres arrojadas a sus afectos – (propuesta teatral)

Todo el texto de la presente adaptación proviene de las obras de teatro escandinavo y ruso: La Gaviota de Anton Chejov, Las Tres Hermanas del mismo dramaturgo, La más fuerte de August Strindberg, Casa de Muñecas de Henrik Ibsen y Hedda Gabler del mismo dramaturgo. Las acotaciones, organización y adaptación son mías.

Escenario negro. Entra en escena una actriz iluminada por luz amarilla. Está vestida con un vestidito blanco y lleva la cara pintada como una muñeca de madera. En las manos y en el cuello lleva atadas sogas que están suspendidas y no se ve donde terminan – recuerdan a una marioneta. El maquillaje es de muñeca de ojos grandes y tristes, los labios los lleva pintados de rojo. No es fácil determinar cuál es su edad. 

Entra a escena una voz: neutra, asexuada, imparcial, que abarca todo el escenario, llamaremos a esta voz El Hombre – con mayúscula -, acompañará a la actriz durante la obra. La voz estará acompañada de sombras-cuerpo (actores vestidos de negro al fondo del escenario – ellos no se ven hasta que se acercan a la actriz y alguna parte de su cuerpo se baña de la luz que siempre la acompaña a ella – sus caras no las veremos en toda la obra, simplemente serán apéndices de la voz de El Hombre).

El Hombre: Alondra, ¿eres tú la que gorjea allá afuera?, ardilla, ¿eres tú la que enreda?, ¿cuándo has vuelto a casa ardillita? (la actriz, alegre, sonrojándose, comienza a correr, jugando por el escenario, simula un cervatillo recién nacido, aprendiendo a caminar, se tropieza y se ríe infantilmente, se vuelve a incorporar) ¿Otra vez has salido a tirar el dinero, cabecilla de chorlito? (Se acerca a ella y le agarra la oreja en broma, ella se aleja sobresaltada) ¡hasta qué punto eres mujer! (ella sonríe, tímida, El Hombre la sigue) Ea, ea, no me vayas a arrastrar las alas, ¿eh, alondra? ¿no estarás refunfuñando, ardillita? (saca el monedero) ¿a que no sabes lo que tengo aquí? (le tiende algunos billetes). Pequeña derrochadora. (ella los recibe sonriendo) ¿Cómo se llaman esos pajarillos que siempre lo enredan todo? (le rodea la cintura con el brazo) El chorlito es lindo, pero gasta mucho dinero. Es increíble lo que le cuesta a un hombre mantener a un chorlito. Eres un caso, pequeña… (pausa, ella se aleja sutilmente, la sonrisa un poco impostada) Hoy tienes aspecto de… de… de andar con secretos. (la amenaza con el dedo) Golosilla, ¿no habrás estado enredando por el centro no? ¿De verdad que no te has pasado por la pastelería, golosilla? (ella se tapa la boca) ¿No habrás estado picando de la mermelada? (ella mira hacia un lado con vergüenza y se toca el estómago, trata de tapar la barriga con el vestido y con el resto del cuerpo) … ¿Ni siquiera has mordisqueado un pastelito o dos? (ella levanta la mirada asustada) … Vamos, estoy bromeando, y además me has dado tu palabra. (se acerca a ella la sombra de El Hombre) Anda, guárdate tus secretillos, bonita. 1 Casa de Muñecas – Ibsen.

(La actriz vuelve al centro del escenario, se pone a jugar con sus zapatos, se toca las medias y sube las manos por sus piernas, mirando a la sombre de El Hombre por aprobación, hace un movimiento brusco y se sienta ‘pati-abierta’ mirándolo de reojo y sonriendo para sí; saca un pastelito de almendras del bolsillo y se lo mete rápida a la boca)

El Hombre: (le pone la mano frente a la boca y ella escupe el pastelito, la amenaza con el dedo) Que mi pajarillo cantor no vuelva a hacerme esto nunca. Un pájaro cantarín tiene que tener el pico bien limpio para poder trinar y no hacer falsetes (la coge de la cintura y la para) ¿No es así? (ella asiente riendo) Ya decía yo … (la suelta, ella saca otro pastelito y lo mira, implorando) Ya veo, así que andas buscando un hombre que te salve, ¿eh, caprichosa? (le quita el pastelito y lo arroja con fuerza a la parte trasera del escenario) … Ya está, pequeña doña testaruda. (le coge la nariz y ella lo mira con ojos grandes) ¿Estás contenta? Ea, ea, ea; no me pongas ojitos. (Posa la mano sobre la cabeza de ella) Ay, mi bendito pajarillo cantor.2Igual 

 La actriz: (se vuelve a sentar en el centro del escenario, las manos de El Hombre le pasan un bebé de mentiras, ella lo mira con amor puro, amor incondicional, amor maternal) Esta mañana el nene se despertó, se puso a mirarme y de pronto sonrió; me reconoció. (se sonríe) Y él me mira de un modo especial… Usted creerá que en mí habla solamente la madre. ¡Pero no, no, se lo aseguro! Es que ¡es tan lindo! Hoy le digo: “Bobik, eres mío, mío” y él me mira con sus ojitos.

(amorosamente) ¡Bobik! ¡Bobik travieso! Bobik malo (lo agarra fuerte de los brazos y lo mira con odio, entre dientes) ¿Cómo se llama tu mamá? Amorcito, amorcito.3Las tres Hermanas – Anton Chejov.

El Hombre (carraspea): Te estás portando como para ponerte menos que regular en conducta.4Igual

La actriz (riendo y dirigiéndose a la sombra): Estás acostumbrado a verme como una niña y te extrañas cuando tengo cara seria. (vuelve la cara de nuevo hacia el muñeco con amor y ternura) Hoy me miró con unos ojos así y me dijo “Mamá”.5Igual

(Tras escena se oye cantar a la niñera acunando al niño)

La actriz: (con la mirada perdida y soltando el muñeco) Estoy harta, estoy harta, estoy harta…6Igual Me aburro soberanamente.7Hedda Gabler – Ibsen

El Hombre: ¡Caprichosa! (con cariño y le acaricia la mejilla) te deseo un buen novio. Ya es tiempo de que te cases8Las tres Hermanas, estás como toda una solterona, deberías tener un maridito9La más fuerte – Strindberg (cogiéndole afectuosamente el pelo y entre risas).

La actriz: (burlona) Sí, estoy sola. Una vez cada cien años despego los labios para hablar y mi voz suena desolada en este desierto y nadie me oye…10La Gaviota – Anton Chejov (ríe) ¡Qué desdichada soy! (…) Adelgacé, me afeé, envejecí y nada, nada, ninguna satisfacción; el tiempo pasa y siempre me parece que me alejo de la vida verdadera, bella, que me voy más y más lejos, hacia qué sé yo qué abismo. (imposta dolor tocándose el pecho y la frente y poniendo la voz aguda) Estoy desesperada, y no entiendo cómo sigo viviendo, cómo no me he matado ya. ¡Oh, horrible, horrible, horrible! (llora) No puedo, no puedo soportar más… ¡No puedo!11Las tres Hermanas (carcajadas) 

El Hombre: (con reproche) Usted tiene talento ¡Usted está obligada a dedicarse al teatro!12La Gaviota

La actriz: Un chistesito querido 13Casa de Muñecas (sonriendo angelicalmente, se le transforma la cara, se pone pensativa y triste) Es que una se casa, no por amor, sino para cumplir su deber. Al menos yo pienso así, y me casaría sin amor. Con cualquiera que me lo pidiera (…) Hasta me casaría con un viejo.14Las Tres Hermanas

El Hombre: (con ternura) Está usted tan pálida, tan hermosa, encantadora… Usted está tiste, descontenta de la vida. Me parece que su palidez ilumina el aire oscuro, como la luz. (La toma de la cintura) Usted no es como todos. Usted es elevada y pura, distingue la verdad… (le acaricia la mejilla) Usted es una mujer magnífica, divina. ¡Magnífica, divina! Yo amo, amo … amo sus ojos, sus gestos, que veo en sueños… ¡Mujer magnífica, divina! (la coge con ambas manos) ¡Oh, juventud, divina, hermosa juventud! ¡Mi bien, mi querida, no se ponga tan nerviosa!… (…) ¡Querida mía, mi bien, mi pureza! Sea mi mujer.

La actriz: (nerviosa) Cuando usted habla así conmigo, me río no sé por qué, aunque tengo miedo. No lo repita por favor…15Igual (se aleja).

El Hombre: Dulce mía, hijita mía, mi única, encanto mío, tesoro mío… (con cada apodo, el semblante de la actriz va mejorando, al final está radiante)

La actriz: (con lágrimas de felicidad) Hasta lloré de sentir tanta alegría, tanta paz interior… Y de repente me pareció que a mi alma le crecían alas, me volví más alegre, me sentí más liviana…16Igual

(La mano de El Hombre coge la mano de la actriz y la pasea por el escenario, hacen la parodia del matrimonio mientras suena una tarantela y ella baila y se ríen, él le pasa un velo y un ramo y ella se ríe mientras salta a los brazos de él que la vuelve a poner en el centro del escenario).

El Hombre: (con voz ronca) Es un placer estar de nuevo en casa propia, completamente a solas contigo… ¡Eres una joven deliciosa, arrebatadora! … (con un gesto, la actriz se cubre mientras ríe) ¿que no mire la más preciosa de mis pertenencias? ¿que no mire toda esta gloria que es mía y solamente mía? (ya no hay risas) Absoluta y totalmente mía. (ella le quita ágilmente las manos que se han ido acercando lentamente) (…) Todavía llevas la tarantela en la sangre… Y por eso estás aún más atractiva… (ella se arrastra con miedo, alejándose) En toda la noche no he tenido más anhelo que tú. Y al verte bailar y seducir con la tarantela… me ha hervido la sangre; no he podido soportarlo más… Por eso te he traído tan pronto …17Casa de Muñecas (él manda decididamente la mano a cogerla del pelo y ella lo muerde, él grita) 

La actriz: (temblorosamente) No quiero.

El Hombre: Debes estar de broma, pequeña. Querer ¿querer? ¿Es que no soy tu marido…?18Igual

La actriz: (con fuerza) Seré tu mujer, fiel y sumisa; pero amor no hay.19Las Tres Hermanas

El Hombre (con dolor): Tú no me quieres. Eres mala. (con rabia) Eres una tonta.20Igual

La actriz: (para sí) ¡Qué cansada estoy!21Todas las obras referenciadas (acercándose sigilosa y con una sonrisa apologética) Descuide, es solo teatro. (con una sonrisa y ojos cansados) Soy feliz, ¡Ahora le pertenezco!22La Gaviota

El Hombre: (se ríe, aliviado) ¡Desgraciada! Déjate de teatro23Casa de Muñecas. (Haciéndole una mueca de las destinadas a provocar risa) ¡A ver, ríase!24Las Tres Hermanas

(Ella ríe quedamente)

(Él le entrega un cofrecito que ella recibe con sigilo, lo abre y saca un collar y unos aretes)

La actriz: (radiante) Usted está acostumbrado a tratarme como a una chiquilla, pero yo ya he crecido… (Toma los obsequios y se los mide mientras él le pone un espejo en frente. Alegre) ¡Qué encanto!25Igual

(Su cara cambia súbitamente y solloza fuertemente)

El Hombre: Basta; cálmate, querida…

La actriz: Me estoy volviendo loca…

El Hombre: Cálmate…Cálmate… Dale agua. (le ofrece un vaso de agua)

La actriz: Ya no lloro más…

El Hombre: Ya no llora…es buena

La actriz: Me confundo… (Bebe agua) Vida fracasada… Ya no necesito nada más… Enseguida me calmaré… No importa.

El Hombre: Cálmate. Así está bien. Entremos en la casa.

(Solloza, pero enseguida se contiene)

El Hombre: Basta.26Igual

(Ella sonríe y se seca las lágrimas, agarra una pandereta y la saca de la caja, al igual que un gran mantón bordado con el que se apresura a cubrirse; a continuación, se planta en medio de la habitación de un salto y grita) ¡Toca para mí! ¡Ahora quiero bailar!

(Suena la tarantela y baila, primero despacio, luego sube el ritmo, más allá de lo que la canción permite, da vueltas y vueltas y ríe mientras baila)

El Hombre: Más despacio… más despacio.

La actriz: No puedo hacerlo de otra manera

El Hombre: ¡No seas impetuosa!

La actriz: Así tendrá que ser.

El Hombre (deja de tocar, se detiene la tarantela): No, no, esto no funciona en absoluto.

La actriz (ríe y agita la pandereta, baila y cada vez está más salvaje; no parece oírlo, se le suelta el pelo y la melena le cae sobre los hombros; ni siquiera se de cuenta, sigue bailando)

El Hombre (con desaprobación): Estás bailando como si te fuera la vida en ello.

La actriz: Es que me va la vida. (parece completamente arrojada al éxtasis, va tan rápido que su cuerpo se desdibuja, parece fluir como agua, rodar sobre sí misma y grita de placer y de dicha gozosa)

El Hombre: (conteniendo el miedo) Para, te digo. Se te ha olvidado todo lo que te enseñé.

La actriz (después del último grito/carcajada se detiene súbitamente y arroja la pandereta, lo mira con sorna): Ya lo ves, tienes que instruirme hasta el final, ¿Me lo prometes?

El Hombre: (la abofetea con firmeza, ella cae al piso y lo mira asustada) Ea, ea, basta de sustos, qué salvajismo. Anda, vuelve a ser mi alondrita de siempre.

La actriz (Hacia él con los brazos abiertos) ¡Aquí está la alondra!27Igual

El Hombre: (acercándose) Bueno, olvidemos este asunto tan feo. Solo te ha faltado sensatez para juzgar los medios… Pero ¿crees que te aprecio menos por no saber actuar por tu cuenta? No, no; tú apóyate en mí, que yo te aconsejaré y te orientaré. No sería un hombre, si este desamparo tuyo tan femenino no te volviera doblemente atractiva a mis ojos. … Procura calmarte y recupera tu equilibrio, mi asustado pajarillo. Descansa tranquila, que yo tengo las alas lo bastante grandes para cubrirte; voy a protegerte como a una paloma a la que acabara de sacar sana y salva de las garras del halcón… (la abraza y ella tiembla) Calmaré tu pobre corazoncito tembloroso… Porque así, de alguna manera, la mujer pasa a ser doblemente tuya; es como si la hubieras traído de nuevo al mundo, como si ahora fuera tu esposa y tu hija a la vez. Eso es lo que serás tú para mí a partir de ahora, criaturita… yo seré tu voluntad y tu conciencia…28Igual (ella sigue temblando y haciendo ruidos, inicialmente parecen sollozos, pero ahora se trata de risa, se desprende del abrazo, mira fijamente a la sombra y se ríe, se ríe a carcajadas, cae al piso riendo y tiene que tener su estómago para no perderlo de la risa)

La actriz: Ahora, te abandono. 

El Hombre (con voz temblorosa de la rabia): Me estás asustando. Y no te entiendo. 

La actriz: Este hogar era solo una casa de muñecas. Ahora, te abandono. 

El Hombre: (explotando y arrojando cosas por el escenario) ¿Qué has dicho? ¡Estás trastornada! ¡No te lo permito! ¡Te lo prohíbo! ¡Ah, serás ciega e inexperta, criatura! Es indignante… ¿Cómo puedes traicionar así tus obligaciones más sagradas? … Estás enferma, tienes fiebre; casi diría que has perdido el juicio. 

La actriz: Nunca me he sentido tan lúcida y segura como ahora. 

El Hombre: Hipócrita, mentirosa, criminal, qué vergüenza ¡Qué penoso hundirse así! ¡Naufragar por una frívola mujer!29Igual

La actriz: (acariciándole la mano y con una sonrisa) Es solo teatro.30La Gaviota

El Hombre: (con frialdad) Un argumento para un pequeño cuento: a la orilla del lago vive desde su infancia una muchacha joven como usted; quiere al lago como una gaviota y es feliz y libre como una gaviota. Pero por casualidad vino un hombre, la vio y por no tener otra cosa que hacer la dejó sin vida, como a esta gaviota.31Igual

La actriz: (Imperturbada) ¿De modo que estoy en su poder? Me tiene usted atada de pies y manos.32Hedda Gabler

El Hombre: (con odio) Querida, puede usted tener la seguridad de que no abusaré de mi poder.

La actriz (con calma): No importa. Estoy en su poder. Dependo de su capricho. Esclava. Soy esclava. No, nunca podré soportar esta idea. Nunca.

El Hombre: Por regla general, se acepta siempre lo que es inevitable.

La actriz: (sale por un momento de la luz y se oye un tiro)33Igual

(Luego una risa, la luz vuelve a enfocar a la actriz que se ríe mientras se desmaquilla)

La simuladora: (sonriendo) Soy una gaviota… No, no es eso. Soy una actriz. ¡Claro que sí!34La Gaviota

Fin.

A propósito de la autora

Gabriela Pedraza Hoyos es abogada feminista y estudiante de filosofía, lleva actuando por más de siete años y hace poco comenzó a escribir también teatro con la agrupación de la que es co-fundadora ‘El expendio de las tragedias que sobran’. Asume el feminismo como algo transversal a su vida y se ha aproximado a los temas de género desde el derecho, la filosofía y el teatro.

Notas   [ + ]

1. Casa de Muñecas – Ibsen.
2. Igual
3. Las tres Hermanas – Anton Chejov.
4. Igual
5. Igual
6. Igual
7. Hedda Gabler – Ibsen
8. Las tres Hermanas
9. La más fuerte – Strindberg
10. La Gaviota – Anton Chejov
11. Las tres Hermanas
12. La Gaviota
13. Casa de Muñecas
14. Las Tres Hermanas
15. Igual
16. Igual
17. Casa de Muñecas
18. Igual
19. Las Tres Hermanas
20. Igual
21. Todas las obras referenciadas
22. La Gaviota
23. Casa de Muñecas
24. Las Tres Hermanas
25. Igual
26. Igual
27. Igual
28. Igual
29. Igual
30. La Gaviota
31. Igual
32. Hedda Gabler
33. Igual
34. La Gaviota