La Morada Casa CulturalTiempo: 2'

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Cuando pensamos en un nido, se nos vienen a la cabeza ideas relacionadas con pájaros, alas, tejido, afecto, trabajo colectivo, calor y la seguridad. Son esas ideas las que intentamos materializar en La Morada, cuyo nombre está relacionado con “la casa”, con el nido, con la acogida, pero sin lugar a duda también con uno de los colores asociados al feminismo: el morado.  Una casa construida desde antes de su materialización, creada en la cabeza y el corazón de varias compañeras que, como yo, sentíamos la necesidad de tener nuestro lugar, nuestro rincón del complotaje, de encuentro, de la conversación, del vino, el café, la pola, las conversaciones que solo podemos tener entre nosotras, esas llamadas a través de las experiencias que pasan por el cuerpo.

Finalizando el año pasado quedé sin empleo y frente al horrendo panorama social y político que se avecinaba en Colombia, ad-portas de regresar a un gobierno oscurantista, represor y conservador, tuve la posibilidad de asistir al Primer Encuentro de Mujeres que Luchan, convocado por las mujeres zapatistas, que nos llamaban a uno de los caracoles en México, con el fin de encontrarnos, conocernos y sabernos como múltiples fueguitos encendidos en los lugares más hostiles del planeta.  El encuentro no sólo me permitió conocer otros procesos de lucha y resistencia feminista del mundo, también me dio el impulso necesario para regresar a Colombia consciente de la necesidad de materializar La Morada, Casa Cultural con perspectiva feminista, e iniciar la construcción de otro mundo posible en Bogotá.

En el mes de abril y gracias a un préstamo, renté la casa donde está ubicada actualmente e inicié una convocatoria abierta para quienes quisieran aportar en la construcción física de la casa (que estaba bien caída), la convocatoria fue un éxito, y en una semana empecé a verme rodeada de muchas personas que deseaban aportar desde el arte, la siembra, la pintura, los trabajos de construcción, las donaciones de mobiliario y todo lo que hoy constituye todos los espacios de la casa.

Han sido meses de retos, pues La Morada se gesta desde la autogestión, apuesta en contra de un sistema capitalista que nos aparta de las posibilidades alternas de economías solidarias, sembramos desde la posibilidad de eliminar nuestras prácticas marcadas por el clasismo, el machismo, el racismo, el capacitismo y demás sistemas de opresión.  Un reto personal también, de encontrarme liderando este proyecto con la ayuda del equipo semilla y de toda la red de afectos que me ha apoyado desde el primer momento, en lo personal es la posibilidad de seguir creciendo, pero también de decidir apostarle 24/7 a tejer este nido atendiendo al tiempo los desafíos personales, familiares y económicos, con la certeza de lo importante que esta haciendo La Morada para muchas mujeres.

La Morada es el nido de todas las que quieran venir, con o sin diferencias políticas, ideológicas, conscientes de que es posible tejer. Es La Morada de las que creemos en la necesidad de estar juntas, porque el enemigo no está entre nosotras las feministas, el enemigo está arriba, al norte y a la derecha. La casa abre sus puertas para las que quieran venir a trabajar, estudiar, aprender, construir, conversar, cantar, bailar, gritar, dormir (literal), pero sobre todo para las que quieran venir a soñar y despertar. Porque no estamos solas, porque no tenemos miedo si estamos aferradas a la voz de las ancestras, porque somos resistencia. La Morada es el resultado de la valentía y la locura, dos características marcadas en cualquier bruja.

Jennyfer Vanegas Espejo
Coordinadora de La Morada
Trabajadora Social
Magister en Estudios de Género