Presentación Número 2Tiempo: 6'

Artículos de este número

Inapropiables

Madrigueras

Entrelazadas

Presentación

Madriguera Violeta

Madriguera Violeta es una iniciativa política, epistemológica y afectiva feminista. Esta apuesta se abre en tres dimensiones. Por un lado, estimula la producción de saberes, a nivel político, estético, ético y erótico, a propósito de discusiones ancladas a las teorías feministas y de género. En segunda instancia, incentiva los diálogos sur-sur y sur-norte sobre reflexiones teóricas, políticas y estéticas contemporáneas en el campo transdisciplinar del feminismo. Por último, franquea las barreras entre las producciones académicas textuales y aquellas que se producen en y desdeotros registros, y que muchas veces son subalternizados en los circuitos universitarios. Estos tres objetivos comparten una base común: hacer resonar, desde una perspectiva feminista, diversas experiencias de lucha que tienen lugar en el sur global.

Para nosotras, los feminismos son corrientes de reflexión situadas que identifican, entienden, problematizan y cuestionan realidades de opresión diferenciadas que ordenan nuestras vidas incesantemente. Pero son, sobre todo, como nos lo recuerda Audre Lorde, madrigueras para imaginar, crear, impulsar y cultivar mundos-otros que emergen de nuestros afectos, de su poder y de su peligrosidad sintiente, erótica y pensante. Los feminismos, día tras día, nos alimentan la certeza de que es posible revolcar y resembrar este mundo hostil en el que habitamos.

De tanto en tanto, bajo formas consensuales de institucionalización, los feminismos parecen perder su potencial subversivo. A pesar de ello, los feminismos no han dejado de ser vistos como lo que son: una peligrosa fuente de crítica de lo que es considerado natural e inmutable, una poderosa fuente de transformación. Con frecuencia, a los feminismos se los desprecia para hacerlos pasar por un delirio inútil, se los encajona para que luzcan como meros objetos decorativos (“perspectiva de género») o, cuánto mejor, base de burlas y ridiculizaciones. Se trata estrategias de desactivación política.

No saben, para su asombro y para nuestro regocijo, que así los sueños sean fluidos y hasta inconsistentes al despertar, como ya hace tiempo lo escribieron Wittig y Zeig en su borrador para un diccionario de las amantes, son reales y, lo más importante, es que “las amantes que juntan sus energías pueden crear un dispositivo para capturar sueños, aún los más fugitivos”. Las llamas que mantienen vivos a los feminismos, sus energías y deseos, fluyen con nuestros sueños, permanecen encendidas, prenden y se activan sin pedir permiso. Se trata de semillas imaginativas que arden.

En su fluir, prender y sembrar, los feminismos son también corrientes de aire, fuerzas que cuidan, que se enfrentan a violentas prácticas de asfixiamiento. Los feminismos cosechan ecosistemas diferenciados de encuentro, espacios en donde se puede respirar. Ahora, en medio de una pandemia que ha hecho aún más evidente que nuestras vidas han sido cuidadas en cada detalle por mujeres ignoradas e inmensas, sabemos que nuestros anhelos feministas siguen siendo más que necesarios: su aire es imprescindible. Sabemos del valor radicalmente incalculable, y por ende no-mercantilizable, de cada impulso corporal volcado a la búsqueda de un mundo en el que nuestras vidas no puedan ser desechadas a cada instante, en el que nuestros dolores no puedan ser ignorados y en el que nuestros saberes y prácticas insistan en urdir tejidos comunes, reparativos y de radicales de cuidado. 

Ninguno de los artículos de esta edición de nuestra Madriguera violeta habla de pandemia, de Covid-19, de los virus o de la violencia ambiental y económica que viene golpeando brutalmente, y de manera diferenciada, a una multiplicidad de cuerpos. Tampoco hablan de los sistemas de salud, ellos también enfermos al borde constante de la agonía. Pero todos los textos comparten la necesidad segura de pensarnos otras realidades y de cuestionar este mundo en el que son las mujeres, mayoritariamente, las que llevan a cabo un trabajo de cuidado incansable para contener el mortífero avance del virus, en el que son principalmente las mujeres racializadas y en condiciones de pobreza, las que deben hacer frente al hambre de sus entornos con trapos rojos, con dignidad inquebrantable, con rabia por el absurdo de tener que arriesgar sus vidas para conseguir lo mínimo para no morir.

En este número, a diferencia del primero, contamos con varias y diversas contribuciones a nuestra sección “Inapropiables”. Esta sección busca reunir reflexiones, apuestas y formas de escritura y de expresión que se desmarcan del registro logocéntrico y que avanzan en otras maneras de ser y estar en el mundo afectivas, corporales y encarnadas. Se trata de formas de escritura otras que se reclaman rebeldes frente al discurso articulado hegemónico y propio de la academia. En esta sección, Laura Marcela Mateus nos propone un retrato intimista, profundamente afectivo y visceral en forma de poema. Rescatando las relaciones que sostienen la vida y que tejemos en nuestra cotidianidad con materialidades orgánicas e inorgánicas, nos ofrece una reflexión en torno a las manos, los movimientos, los objetos y los entramados relacionales que se tejen en medio de “Los pequeños milagros domésticos”. En una línea similar, rescatando la potencialidad, los dolores, las batallas y las pequeñas alegrías implicadas en dar vida y sostener la vida de otrxs, Juliana Echeverry dibuja una reflexión en la que su propia experiencia en la maternidad cobra un primer plano. Si bien las teorías feministas y de género han hecho valiosos aportes sobre las implicaciones de maternar (la doble jornada, las labores de cuidado, el trabajo doméstico, el trabajo sexual obligatorio, entre otros) en su texto, Echeverry habla desde las argucias, las dudas y las transformaciones que enfrentan los cuerpos que se disponen a la maternidad. Su escrito encarnado gira en torno a las implicaciones de lactar a otrx: ¿cómo cambia el propio cuerpo?, ¿acaso la lactancia es una elección?, ¿qué cambia en los cuerpos que lactan y los cuerpos lactados?; ¿qué temores y dolores enfrenan los cuerpos? Atravesada por su propia experiencia de vida, Echeverry nos invita a hacer una “Lectura importante para quienes van a ser madres por primer vez: sobre la lactancia”. 

La sección de “Inapropiables” también cuenta con la pieza de teatro de Gabriela Pedraza. Esta pieza, de gran fuerza e intensidad estética es una adaptación de las obras de teatro escandinavo y ruso: La Gaviota de y Las Tres Hermans, de Antonio Chejov, La más fuerte de August Strindberg, Casa de Muñecas y Hedda Gabler de Henrik Ibsen. Con esta pieza, Pedraza nos lleva por un convulso fluir afectivo de una mujer (o quizás muchas) que expresa con gestos, movimientos y palabras sus desaciertos afectivos, sus desencuentros con lxs otros y con ella misma (o a las muchas que siempre es), al igual que con un hombre (que también es muchos) que, entre chistes, miradas, agravios y piropos le recuerda las constantes negociaciones a las que están enfrentados los cuerpos feminizados para hacer vivible la vida.

Jenny Vanessa Muñoz y su reflexión sobre “La diversidad sexual como herramienta de lucha”, nos impele a pensar en que los feminismos no son nunca y solamente apuestas teóricas sino, más bien, apuestas militantes que invitan a la lucha y a la irrupción. Su texto, entonces, es una invitación a la radicalización de la lucha política en la apuestas feministas que desde hace algunos años amenazan con quedarse atrapadas en ambientes académicos estériles y, por tanto, despotenciadores. Finalmente, “Inapropiables” cuenta con la reflexión de Juan Diego Pérez Moreno a propósito de las fotografías que no solo acompañan este número sino que son parte de la apuesta visual y estética de la revista. Su narración ubica en un horizonte de sentido específico el registro visual de este número; nos habla de los ritmos, los afectos, las relaciones y las intensidades de las imágenes de San Pedro de Atacama.

Por otra parte, en nuestra sección de “Madrigueras”, contamos con el artículo de Lina María Gaitán, titulado “Una no debería recordar lo que nunca debió pasar”. En él, Gaitán nos invita a reflexionar sobre un asunto que ha permanecido más bien opaco en las ciencias sociales y en las humanidades: los silencios. En contra de toda una literatura que advierte en los silencios mero silenciamiento o trauma, la autora nos invita a pensar o, mejor, percibir los silencios (particularmente los de las mujeres) desde otras sensibilidades. Pero ¿cómo hablar de lo no dicho? Para resolver esta pregunta, Gaitán se vuelca a las imágenes, específicamente, a las sugerentes fotografías capturadas por el colombiano Jesús Abad Colorado. A partir de un análisis que obliga a descentrar el lenguaje articulado, Gaitán propone otras texturas de los silencios.

En esta misma sección se encuentra el artículo de Iván Darío Gaitán, titulado “La acción no es vida: alquimia y fetiche pseudoalquímico”. Haciendo eco de las voces de Hélène Cixous, Karl Marx, Luce Irigaray, Pentesilea y Kleist, se explora la idea rimbaldiana según la cual “la acción no es vida”. Finalmente, para cerrar la sección de “Madrigueras”, contamos con el artículo de Sebastián Andrés Alejandro Mendoza, “Epistemologías fronterizas y feminismos chicanos: “¿Cómo hacer la puente entre los feminismo y los estudios culturales ?”. Este escrito, animado por los aportes de las feministas chicanas Gloria Anzaldúa y Cherrie Moraga, busca arrojar luz sobre los aportes políticos y epistemológicos de estas autoras para los Estudios Culturales. En un intento por tejer puentes entre este campo disciplinar y estas feministas fronterizas abre nuevos campos y nuevas preguntas de interrogación.

Esperamos que la pluralidad de apuestas, de voces, de gestos y de registros acompañen sus días y sus noches, sus sueños y sus vigilias hasta el próximo número. ¡Buen viaje!