Presentación Número 1Tiempo: 5'

Artículos de este número

 

Madrigueras

Entrelazadas

Presentación

 

Desde una mirada transversal Madriguera Violeta hace su primera entrega: esta abarca múltiples materialidades que van desde archivos historiográficos, lecturas académicas, revistas matutinas, obras literarias hasta performances. Decimos transversal ya que los diferentes artículos presentados en este número plasman un recorrido en medio del cual emergen lugares, momentos, inquietudes, sueños y, por supuesto, apuestas académicas y ético-políticas diversas. Este número es, pues, una invitación a transitar en el tejido de aquella multiplicidad y, en esa medida, a ingresar en las madrigueras que inspiraron y nutren esta aventura intelectual feminista que toma la forma de revista.

El recorrido del que hablábamos nos lleva simultáneamente, por ejemplo, de la mano de Luisa Fernanda Mancera Rodríguez, a la Cuba decimonónica y del llamado periodo especial desde un punto de vista histórico y literario. En las dos obras exploradas, Cecilia Valdés (1839) de Gertrudis Gómez de Avellaneda y La nada cotidiana (1996) de Zoé Valdés, se despliega una revisión y una crítica al papel que han jugado los tropos “madre” y “patria” en la construcción de la nación cubana a lo largo del siglo XIX y XX. El texto de Luisa también rastrea y problematiza cuidadosamente los cruces entre raza, género y clase que han acompañado la producción de nación en Cuba. De esta manera, este artículo se convierte en un lugar estratégico para pensar formas de subversión y de rebeldía frente a las matrices interseccionales de opresión que se han articulado al proyecto de nación en Cuba durante los dos periodos históricos mencionados.

En sintonía con el espíritu crítico que moviliza el texto de Luisa, Hourya Benthouami se encarga de visibilizar no solo la historia, sino también la utopía de libertad y de comunidad de las mujeres cimarronas. Este ejercicio de visibilización pasa por una crítica contundente a lo que la autora llama la producción de los cuerpos dobles por parte del régimen colonial, plantocrático y esclavista. El texto tiene la potencialidad de mostrar cómo el deseo y la lucha por la libertad que moviliza el cimarronaje, y específicamente lo que Hourya denomina un feminismo cimarrón, se podía expresar en gestos de vida que, paradójica y superficialmente, podrían parecer simples actos de violencia y destrucción: envenenamiento, fugas, tomas armadas o, incluso, la posibilidad darse muerte con convicción y sin mayor reparo. A la vez, el artículo de Hourya pone en cuestionamiento una idea de la libertad que se encuentra fuertemente restringida por las lógicas del reconocimiento y de la propiedad privada. Al hacerlo, lo que despliega el texto de Hourya con la idea de un feminismo cimarrón, es una concepción de libertad que, al mismo tiempo, sea una idea de comunidad sustentada en la importancia del cuidado como práctica emancipatoria.

Por otro lado, gracias a Rose-Myrlie Jospeh y su trabajo investigativo con mujeres haitianas y francesas, nos adentramos en la comprensión de un sistema socioeconómico colonial, capitalista y patriarcal que sacrifica y comercializa el cuerpo y la vida de las mujeres. Con el texto de Rose-Myrlie, podemos identificar y acercarnos una comprensión de las cadenas socio-jerárquicas de sacrificios y de sustitución, en la que las mujeres migrantes, racializadas y más pobres trabajan como empleadas domésticas al servicio de aquellas mujeres que siguen en la cadena de manera ascendente y, sobre todo, de aquellos hombres que siempre están ausentes de los trabajos domésticos y reproductivos, sean campesinos haitianos u hombres franceses de negocios. A medida que vamos descubriendo los eslabones de estas cadenas, también nos encontramos con las reflexiones que construye Rose-Myrlie a partir de la lectura cruzada de su propio trabajo con el pensamiento de Nicole-Claude Mathieu, que le permite construir un análisis tanto de las relaciones sociales de clase, raza y sexo constitutivas de esta migración del trabajo, como de los múltiples modos en que las mujeres luchan contra los efectos de estas relaciones sociales estructurales en sus vidas.

Por su parte, Morgane Merteuil, feminista y trabajadora del sexo, nos propone una guía de lectura políticamente activa, la cual no se separa de su quehacer diario; gesto potente que hace porosa la división entre mundo académico e intelectual, activismo político y ámbito privado-laboral. En efecto, la creación de una guía de lectura que permite localizar reflexiones sobre las teorías de la reproducción social elaboradas desde distintos feminismos, permite no solamente cuestionar la idea expandida según la cual el feminismo marxista se ha restringido a elaborar críticas y reivindicaciones por el salario del trabajo “productivo” de las mujeres, como lo explica la autora, sino que, adicionalmente, constituye una hoja de ruta (posible) para indagar en los enclaves de la explotación capitalista, patriarcal y racista que atraviesan nuestras vidas, que bien pueden ser abolidos.

Adicionalmente, el número, por medio del texto de Andrés Caicedo alrededor del trabajo temprano de la artista cubana Ana Mendieta, hace explícitas diferentes acciones corporales por medio de las cuales se desmontan dispositivos de dominación que cojungan tropos de sexo/género, raza, estado y nación. Como lo expone el texto de Andrés, la violencia sobre el cuerpo, y primordialmente sobre el rostro, se proyecta no solo como un ejercicio de denuncia, sino también de emancipación corporal. Específicamente, el trabajo de Andrés, en consonancia con algunos de los postulados de Hourya alrededor de las prácticas de libertad de las mujeres cimarronas, muestra como la fuerte violencia sobre lo que parece ser “lo más propio”, es decir, sobre el “propio cuerpo” en la obra de Mendieta, violencia que incluso llega a metaforizar estados de autosacrifio y muerte, no es un simple acto autodestructivo, sino más bien una práctica de libertad y de reinvención de lo que se entiende por cuerpo y rostro. Por medio de este ejercicio, se problematizan en el texto diferentes marcos normativos de generización y racialización que regulan y administran la materialidad corporal desde diferentes escalas.

La “mujer a la moda” es quizás uno de los principales referentes de ataque o antagonismo de los feminismos (del Sur). La Mujer, en su supuesta universalidad, se ve continuamente “desenmascarada” por los feminismos no-blancos: indígenas, afro, chicanos… Sergio Ruiz Sanabria, en un gesto que hace eco de su amor deconstructivo por la moda, presenta a la Mujer elaborada por algunas de las principales revistas contemporáneas dedicadas a este asunto. La ideología de la moda constituye una oportunidad para pensar en lo “transideológico”, es decir, en aquello que, tras la denuncia de lo “ideológico” o “normativo” (ideal), restituye sus imperativos. Esta vez se trata del imperativo de lo real o natural: la mujer está obligada a conservar su esencia incluso cuando sea madre, trabajadora…exitosa. La mujer de hoy no es otra que aquella que debe permanecer fiel a sí misma, pero que en ese “permanecer fiel” reproduce un ideal normativo que la distancia de la productividad de su propio deseo y, en últimas, de su cuerpo.

Este recorrido, lleno de vericuetos y enriquecedor por su amplitud, termina, para nuestra inmensa alegría, con el entrelazamiento de nuestra Madriguera con los sueños y el trabajo de las compañeras que organizan el Lady Fest y la casa feminista La Morada. Nos encontramos, en el sentido que nos hallamos y coincidimos, en este camino en el que esperamos regar semillas de cambios, de contracultura, de vida, de movimiento, de resistencia… Semillas cuyos brotes tendrán muchos colores y muchas formas: serán violetas, serán azules y rojas, serán arcoíris, nidos, madrigueras y moradas…